El control de la humedad en habitaciones de hotel

A la hora de diseñar las instalaciones destinadas a garantizar el bienestar térmico en las distintas dependencias de un establecimiento hotelero, es fundamental considerar no solo la temperatura del aire, sino también otros parámetros que influyen directamente en el confort de los ocupantes como la humedad relativa, la velocidad media del aire, la intensidad de la turbulencia, las asimetrías de temperatura radiante, el gradiente vertical de temperatura y la temperatura del suelo.

En particular, el control de la humedad relativa constituye uno de los mayores retos en el diseño y la explotación de las instalaciones de climatización hoteleras. Mantener este parámetro dentro de unos límites adecuados puede presentar distintos niveles de complejidad en función de múltiples factores, entre los que destacan la ubicación geográfica y las condiciones climáticas del entorno, si se trata de una obra nueva o una rehabilitación, las características de la envolvente térmica, la calidad constructiva, la estanqueidad de los cerramientos y las características de los sistemas de climatización y ventilación instalados.

La ausencia de un control efectivo de la humedad relativa en las habitaciones puede tener consecuencias significativas que van mucho más allá de la pérdida de confort térmico. Entre ellas se encuentran los posibles efectos negativos sobre la salud y el bienestar de los huéspedes, la aparición de condensaciones, moho y patologías constructivas, el deterioro de los materiales y acabados, el incremento del consumo energético, el aumento de las necesidades de mantenimiento y, en última instancia, una reducción de la rentabilidad del establecimiento hotelero.

Una habitación de hotel puede estar a 23 °C y, sin embargo, tener un problema grave de humedad.

De hecho, uno de los errores más habituales en el diseño y explotación de hoteles es asumir que:

“Si la temperatura está controlada, el confort está controlado.” No necesariamente.

En determinadas condiciones, una habitación puede mantener perfectamente su temperatura mientras la humedad relativa continúa aumentando hasta niveles que favorecen condensaciones, olores, deterioro de materiales y crecimiento de moho.

¿Por qué aumenta la humedad?

Podemos establecer diferentes escenarios climáticos en función de la ubicación geográfica del establecimiento hotelero como los climas tropicales, costeros, fríos o secos. Cada uno presenta unas condiciones particulares que condicionan el diseño y la estrategia de funcionamiento de las instalaciones de climatización.

Entre ellos, los climas tropicales húmedos suelen representar uno de los escenarios más exigentes para el control de la humedad relativa. La combinación de temperaturas exteriores elevadas, un elevado contenido de humedad en el aire, lluvias frecuentes y episodios de viento puede generar importantes cargas latentes en las habitaciones. Esta situación se agrava en los hoteles de playa, donde las condiciones de exposición y las características constructivas pueden favorecer las infiltraciones de aire exterior a través de ventanas, puertas de balcones y accesos directamente comunicados con el exterior.

En estas condiciones, el principal desafío no siempre es satisfacer la demanda de refrigeración, sino eliminar la humedad que entra continuamente en la habitación.

Una habitación puede presentar una demanda de refrigeración sensible muy reducida durante determinadas horas y, al mismo tiempo, seguir recibiendo una cantidad significativa de vapor de agua procedente del exterior, ya sea por ventilación, infiltraciones o apertura de puertas y ventanas.

Esto da lugar a una situación característica en los sistemas de climatización hoteleros:

La habitación ya no necesita frío, pero sigue necesitando deshumidificación.

Cuando el sistema de climatización, ya sea de expansión directa (DX) o mediante un fancoil alimentado por agua fría, reduce su funcionamiento porque la temperatura ambiente ha alcanzado la consigna, también puede disminuir su capacidad de deshumidificación. Si no existe una estrategia de control específica para la humedad, la habitación puede mantener una temperatura aparentemente correcta mientras la humedad relativa continúa aumentando, alcanzando valores superiores al 65 % HR.

Un error puede ser dimensionar el HVAC únicamente considerando la carga sensible.

Uno de los errores que pueden comprometer el comportamiento higrotérmico de una habitación consiste en dimensionar y seleccionar los equipos de climatización considerando principalmente la carga sensible, sin evaluar adecuadamente la carga latente y las condiciones de humedad exterior.

En determinadas habitaciones de hotel, la demanda sensible puede ser relativamente baja durante periodos prolongados, mientras que la carga latente continúa siendo significativa. Si el equipo alcanza rápidamente la temperatura de consigna y detiene o reduce su funcionamiento, puede no disponer del tiempo de operación necesario para retirar la humedad requerida.

El resultado es una instalación que cumple aparentemente su función desde el punto de vista térmico, pero que no garantiza unas condiciones adecuadas de humedad relativa.

Esta situación puede deberse a diferentes factores, que conviene analizar de forma conjunta:

Por tanto, el problema no depende únicamente de la potencia instalada, sino también de la selección de los equipos, las condiciones de diseño, las características constructivas de la habitación y, especialmente, la estrategia de regulación y control.

¿Cómo podemos solucionarlo?

No existe una solución universal aplicable a todos los establecimientos. La estrategia adecuada debe definirse a partir de un análisis de las fuentes de humedad, las cargas sensibles y latentes, las características del edificio y el funcionamiento real de las instalaciones.

En términos generales, podemos establecer tres líneas de actuación complementarias.

1. Controlar y tratar adecuadamente el aire exterior

Cuando la ventilación representa una parte importante de la carga latente, introducir aire exterior sin un tratamiento higrométrico adecuado puede comprometer el control de humedad de la habitación.

La estrategia debe centrarse en tratar el aire antes de introducirlo en los espacios ocupados, reduciendo su contenido de humedad y evitando trasladar innecesariamente la carga latente al sistema de climatización de cada habitación.

Entre las posibles soluciones se encuentran:

Estas soluciones deben seleccionarse teniendo en cuenta las condiciones climáticas de diseño, la eficiencia de recuperación, las condiciones de impulsión y los caudales de ventilación requeridos.

2. Incorporar sistemas de deshumidificación independientes

Cuando el sistema convencional de climatización no puede garantizar por sí solo el control de humedad, puede ser necesario incorporar equipos o funciones específicamente destinados a gestionar la carga latente.

Entre las alternativas disponibles se encuentran los deshumidificadores independientes, los sistemas de expansión directa dedicados a deshumidificación, las unidades DOAS y los sistemas de refrigeración con control específico del punto de rocío.

En determinadas aplicaciones también puede ser necesario incorporar estrategias de recalentamiento del aire después de su deshumidificación. Esto permite retirar humedad sin provocar un enfriamiento excesivo de la habitación, aunque su conveniencia debe evaluarse teniendo en cuenta el consumo energético y las posibilidades de recuperación de calor.

3. Aprovechar el propio sistema HVAC para controlar la humedad

En determinadas instalaciones es posible utilizar los equipos de climatización existentes para controlar tanto la temperatura como la humedad relativa. Sin embargo, para que esta estrategia resulte eficaz, no basta con disponer de potencia frigorífica suficiente: es necesario que el sistema pueda detectar la demanda latente y actuar en consecuencia, incluso cuando la temperatura ambiente ya se encuentra en consigna.

Para ello, resulta fundamental disponer de una estrategia de control que integre la monitorización de las condiciones ambientales, el estado de ocupación de la habitación y una secuencia de funcionamiento capaz de adaptar la operación del equipo a las necesidades reales.

Esta estrategia puede incluir la supervisión de temperatura y humedad relativa, la modificación de consignas y modos de funcionamiento, la gestión de los periodos de desocupación y la activación de funciones específicas de deshumidificación cuando las condiciones lo requieran.

En los sistemas de expansión directa, esto puede implicar mantener el compresor en funcionamiento bajo determinadas condiciones de humedad, siempre dentro de los límites de operación del equipo. En los sistemas de fancoils, puede requerir una gestión coordinada de la válvula de agua fría y la velocidad del ventilador, así como una evaluación de la temperatura de impulsión y de la capacidad real de condensación de la batería.

En ambos casos, la estrategia debe evitar que la demanda de temperatura anule prematuramente la necesidad de deshumidificación. Además, cuando sea necesario mantener la capacidad de retirada de humedad sin reducir excesivamente la temperatura ambiente, deberán evaluarse soluciones de recalentamiento u otras estrategias específicas.

La clave está en pasar de un sistema que únicamente regula la temperatura a una instalación capaz de gestionar conjuntamente el confort térmico y la humedad relativa. Esto requiere tanto una selección adecuada de los equipos como una lógica de control coherente con las condiciones climáticas, las características de la habitación y los diferentes estados de ocupación.